13/10/09

¿Por qué tenemos el apéndice?

Durante muchísimo tiempo se ha cuestionado la utilidad del apéndice dentro de nuestro organismo. Era considerado como un “órgano inservible” que lo único que producía era dolor y la necesidad de una intervención quirúrgica cuando éste se inflamaba.
William Parker, cirujano e investigador, ha publicado en el “The Journal of Theoretical Biology” el resultado de un estudio realizado en la Universidad de Duke.
En este estudio nos dice que en el sistema digestivo humano viven numerosas bacterias que nos ayudan a digerir los alimentos. Cuando, debido a una infección como el cólera o la disentería, todo el contenido de los intestinos se expulsa, la flora bacteriana natural desaparece, y nuestra vida peligra. En esas circunstancias el apéndice actúa como un "repositorio" que regenera nuestra flora intestinal.
“Son muchas las evidencias de que el apéndice es un lugar donde las bacterias beneficiosas pueden vivir a salvo hasta que las necesitamos”, asegura Parker, que ha identificado importantes células del sistema inmune en las paredes de este órgano.
Según Parker, en sociedades industrializadas el mantenimiento de estas bacterias no es tan necesario como en países del tercer mundo, donde enfermedades como el cólera están a la orden del día. Además, Parker subraya que la frecuencia de la apendicitis en el mundo occidental podría explicarse mediante la popular “hipótesis de la higiene”. Según esta hipótesis, el actual aumento de las alergias y de la autoinmunidad se debe a que, mientras crecemos, no entramos en contacto con suciedad ni con las bacterias normales del ambiente, lo que impide que nuestro sistema inmunitario se desarrolle plenamente y provoca una reacción excesiva de las defensas contra irritantes menores como el polen. “Un sistema inmune sobrerreactivo podría desencadenar la inflamación intestinal asociada con la apendicitis”, puntualiza el investigador.
Además de los humanos, los únicos mamíferos conocidos que tienen apéndice son el conejo, el wombat australiano y la zarigüeya, y en todos los casos son muy diferentes del nuestro.
Fuente: yaestaellistoquetodolosabe.lacoctelera.net