20/1/09

Jizõ

Perteneciente al panteón de las divinidades budistas, el bodhisattva Jizõ (en sáncrito, Ksitigarbha) vio cómo se popularizaba su culto, superando los recintos del tempolo, a partir del período Heian, con los Fujiwara, y en particular con la difusión del culto de Amida. De hecho, su figura se parece a la de un monje por la cabeza rapada y una larga túnica, y podemos reconocerla porque sujeta en una mano una joya y en la otra un bastón. Aparece en cada rincón de templos, santuarios, carreteras o bosques. Debido al boto que hizo al asistir y ayudar a todos los seres que sufren, los japoneses le veran como protector, en particular, de los recien nacidos y de los no natos. Por ese motivo en algunos templos y santuarios las estatuillas dedicadas a él , de cualquier material y dimensión, se ven hasta por centenares de, porque las llevan las madres para encomendarle a sus hijos recién nacidos o muertos al nacer. Es por eso que se acostumbra a cubrirlas con baberos o capuchas rojas y a ofrecerles flores o frutas. De todas maneras, hay representaciones de Jizõ también por la calle, normalmente en forma de pequeñas esculturas de piedra, porque también se le considera protector de los caminantes, papel que simboliza el bastón.